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Este blog tiene como finalidad interactuar, a través de la red, con los alumnos de la Institución educativa Mercedes Abrego en Cartagena Colombia con el fin de ampliar el espacio académico. Así mismo es la oportunidad para lograr comunicación con personas de diversos ambientes interesadas en temáticas concernientes a la enseñanza y aprendizaje de la filosofía.

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MI CUARTO DE ESPADAS:MENTIRA CULTURAL

¿Todo lo que un artista produce es cultura?

 

Si entendemos la cultura como todo lo hecho por el hombre es probable que la respuesta resulte afirmativa.  Si por el contrario la cultura designa la medición positiva y manifestación del carácter relacional y transformador de la acción del hombre la respuesta es tajante ¡NO!.

  La dicotomía entre cultura popular y cultural no tiene razón de ser.  La primera consagra y justifica errores y la segunda se convierte en afrenta para quienes no tienen acceso a ella.

  Cuando un artista logra plasmar en la creación estética la experiencia espiritual ascendente  dentro de un universo humano ésta es reconocida, aceptada, asimilada, valorada y vivida como manifestación cultural.

  No podemos elevar a la categoría de expresión cultural popular lo que no es más que una reacción sicológica con raíces socio – económicas.

  Si creer en la gente del pueblo es estigmatizarla como vulgar o incapaz de generar una producción culturalmente significativa, vaya reconocimiento.  Si interpretar la visión y sueños de un mejor porvenir de la gente de San Francisco.  Olaya. El Pozón y todos los sectores marginales, es contribuir con su degradación; ¡vaya videntes! Cuyas interpretaciones no necesitaran de agoreros para predecir la tragedia.

  La champeta criolla, sarta de ruidos pretenciosos y de mentiras culturales sostienen y refuerza el concepto de división de la cultura.

  La pobreza rítmica de sus arreglos y la miseria literaria de sus composiciones se armonizan con una forma frenética de danzar, que no deja al cuerpo como lenguaje otra posibilidad que la de comunicar el instinto, no erótico, sino lascivo en lo moral, amen de los desmanes materiales.

  Lo más preocupante de este fenómeno está en el orden de los valores que proclama y fomenta ya que son en últimas el soporte de los comportamientos que genera.

  Los ritmos musicales y las danzas que son significativas culturalmente para los grupos humanos siempre han estado ligados a necesidades sentidas dentro de las comunidades que los producen.  Por ejemplo danzas y melodías que responden a un rito religioso, de fecundidad o a una actividad cotidiana, etc. Me pregunto ¿Cuál de tantos origina la champeta?

Que un amplio grupo de personas de los sectores populares esté en condiciones de identificar las situaciones cantadas en la champeta, no significa que se vean reflejadas en ella como experiencia cultural.  Reconocer y reconocerse son diferentes.  Por otro lado es demasiado pretender que la champeta sea la crónica cantada de las zonas marginales ya que carece de originalidad en las temáticas que aborda.

  Quienes sostienen que la champeta es la voz profética de “esa minoría que es la mayoría” no deben olvidar que el dolor humano también es susceptible generar dividendos económicos.  Todos los temas en los que se da un pretendido profetismo son presentados como el disfraz al personaje de moda.

  No estoy en contra de la champeta como “género” sino en contra de la consideración y sobrevaloración que de ella se hace como culturalmente significativa.

  Que la champeta haya entrado a los sectores exclusivos de la sociedad no es garantía de haber escalado socialmente en ellos, se baila como burla.  Así como músicos que la interpretan sin alma. ¿Es posible amar la champeta y despreciar al champetuo?.

  Si la opinión de músicos autorizados y de los mismos defensores del fenómeno concuerdan en que no es gran cosa o le falta mucho para ser. ¿cuál es el interés en sostener la  farsa?. 

  Desde el punto de vista musical no tiene mucha riqueza, en lo literario el abuso de la rima consonante convierte las composiciones en un sonsonete, en cuanto a la danza limita el cuerpo como lenguaje, poco de “sensual y cadencioso”.

  Otra de las mentiras que se teje y trata de imponer con el fin de legitimar el fenómeno es la existencia de un vocabulario champetuo.

  Con el respeto que merece Manuel Reyes Bolaños, no es justo que pretenda reclamar para el acontecimiento champeta la paternidad de expresiones que hace muchos años circulan entre nosotros sí como manifestación de identidad.

  He seguido de cerca la publicación de su diccionario y el único término que podría reclamar la champeta es “ESPELUQUE” y se parece mucho a “SOLTARSE EL MOÑO”. Usado en círculos de homosexuales viejos.

  ¿Cuál es el verdadero interés de quienes llevaron la champeta a los santuarios de la cultura? Recuerden que “Esa minoría que es la mayoría” si elige.

Si el gusto “popular” es lo que determina el valor de lo cultural ¡Bienvenidos a Babel! ¡Wenceslao Triana! “Esto es lo que no nos deja distinguir la mierda de la pomada”.

ENRIQUE GUZMÁN VALDELAMAR

Lic. Filosofía y ciencias religiosas

 

 

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